Maldito Benfica: lo que dejó Bela Guttmann.

Esta es una de esas historias del Fútbol, en las que el tiempo sigue pasando y las sigue haciendo más increíbles.
Bela Guttmann nació el 27 de enero de 1899, en Budapest, en lo que era una de las dos capitales del denominado Imperio Austro-Húngaro, que pasaría a mejor vida en el final de la Primera Guerra Mundial, allá por 1919. Justamente en ese año, Guttmann y el fútbol se cruzarían, ya que se sumaría a las filas del MTK Hungaria, donde se desempeñaría hasta 1921 como volante central. Después, pasaría a Hakoah Vienna, donde se va en 1926 para realizar su trayectoria en Estados Unidos hasta 1933, donde se retiraría de la actividad. En ese año, vuelve a Austria para dirigir al Hakoah.
En 1939, dirige al Ujpest FC de Hungría, donde se verían los primeros éxitos de Bela, La Liga y la Copa de aquel pais. En 1944, debió sortear la Segunda Guerra Mundial: durante el genocidio de los Judíos-Húngaros, debió esconderse en un ático y fue llevado a un campo de concentración, donde escaparía en Diciembre de ese año antes de que fuera llevado a Auschwitz. Lamentablemente, su padre y su hermana serían asesinados allí.
Después de la Guerra, dirigió al Vasas de su país, el Crocanul (Rumania), volvió al Ujpest y pasó por el Kispest, donde entrenó a la gran figura del seleccionado húngaro Ferenc Puskas, y hasta se peleó con el, marchándose después de dicho conflicto.
Dejó su huella en Italia, dirigiendo al Padova, al Triestina y al Milan. También estuvo en Estados Unidos y hasta en Brasil, para terminar recalando en Portugal. 
Allí, después de darle su primer titulo liguero en su historia al Porto en 1959, lo llama el Benfica de Lisboa. Produjo una verdadera revolución en todo sentido: dejó sin lugar a 20 jugadores de las Águilas y promovió a los chicos de la cantera. Uno de ellos era Eusebio, la famosa “Pantera de Mozambique”. De hecho, su llegada se dio por medio del futbolista brasileño José Carlos Bauer, que lo había visto en una gira del San Pablo por aquel país. De hecho, Guttman, Bauer y Eusebio arreglaron dicho fichaje en una peluquería.
El Benfica sería imparable. Ganaría las Ligas Portuguesas de 1960 y 1961, lo que le dio la clasificación automática a la Champions League. Sería rey del Continente en 1961 y 1962, ganándole las finales al Barcelona y al Real Madrid, respectivamente. Pero el final no sería el mejor.
En él comienzo de la temporada 1962-63,  Guttmann le pide un aumento de sueldo al Presidente y dirigentes del club luso, pero estos se oponen. Y no sólo se oponen, sino que lo echan de su trabajo de forma injustificada. De allí, al retirarse, lanzó su frase “El Benfica, sin mi, pasará cien años sin ganar una Copa Europea”. Obviamente, en ese momento no le habían creído.
Pero al correr de los años, la “Maldición de Bela Guttmann” se hizo realidad, créase o no: entre 1963 y 2020, Benfica perdió ocho finales continentales. Fueron cinco por Champions (1963,1965, 1968,1988 y 1990), una por UEFA (1983) y dos por la Europa League (2013 y 2014). Hicieron todo lo posible para romper el maleficio, desde el propio Eusebio yendo a la tumba de Guttmann en Viena en 1990 previo a la Final de Champions que pierde ante Milán (Había muerto nueve años antes) y hasta hacerle una estatua recordatoria en la Puerta 18 del Estadio Da Luz, inaugurada en 2014, justo el año en el que pierde la última Final de Europa League con Sevilla.
Creer o reventar. En el mundo del Fútbol también suelen pasar cosas raras…

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